El mayor error de mi vida |
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Creo que eran finales de 1996; a mis 34 años llevaba más de tres viviendo de nuevo en cuarteles, la razón era que desde que en 1993 volviera otros dos años a una academia militar para promocionar profesionalmente a oficial tuve que dejar el piso que tenía alquilado con unos amigos y ahora estaba esperando a que me asignaran en alquiler uno del Ministerio de Defensa al que teníamos acceso por razón del destino quienes no disponíamos de vivienda. La espera no podía ser muy larga y de hecho ya me habían incluido en las listas de asignación, pero todavía no me había llegado porque nadie de los que estaban delante desaprovechaban la oportunidad de aceptar la vivienda. En cualquier caso la espera valdría la pena porque ya tenía garantizados los destinos en Madrid hasta cuando quisiera quedarme y el piso que me asignarían céntrico de unos 100m2 me costaría solamente 40.250Ptas/mes, que era menos de que había estado pagando en Moratalaz por el alquiler de una habitación de piso compartido con otros dos compañeros cinco años antes en prácticamente las afueras de Madrid. Ya era inminente que tendría una vivienda para mi uso exclusivo sin tener que compartir con nadie, con derecho de por vida a ella y con un coste inferior a una hipoteca o un alquiler de mercado. Pero por aquellas fechas ocurrió un hecho absolutamente ajeno a mí salvo por el vínculo hacia la persona que le afectaba: una de mis hermanas se había quedado en la calle porque su otra hermana la había echado del piso que compartían. Así fue como me llegó la interpretación de lo que había ocurrido lo cual tenía encaje lógico dada la personalidad inestable que de toda vida habíamos asumido cuando algo provenía de ella; quién sabe si la causa de aquellos desarreglos tan unidos a su persona le podría venir desde aquel turbulento periodo de gestación por el pánico y las penurias que sufrió nuestra madre en aquel chamizo siniestro . El caso que como no había una fecha fija para la asignación de mi vivienda, propuse a mi entonces todavía hermana afectiva, compartir un piso mientras ella buscaba una solución a su problema porque no parecía haberse planteado compartirlo con su mejor y creo que única amiga de Madrid. Una de mis compañeras de trabajo me ofrecía un alquiler barato por 65.000Ptas/mes en Aluche; el piso era pequeño pero ese precio estaba muy por debajo del alquiler de mercado. Pasaron unos meses y mi hermana expulsada no encontraba piso entre otras razones porque no lo buscaba y a mí a final de mayo de 1997 me asignaron el tan deseado piso del ministerio por el que definitivamente podría ser independiente; era un piso de unos 100m2 reformado con cuatro dormitorios, baño, aseo y cocina amueblada en pleno barrio de Arganzuela, cerca del Puente de Segovia, a cinco minutos de los jardines del Palacio Real y a diez andando a la zona de ocio de la Cava Baja y estadio Vicente Calderón. Habían pasado pocos meses y como mi hermana seguía sin tener ni buscar alojamiento, se vino conmigo porque no se le ocurrió quedarse con aquella oportunidad que me facilitó mi compañera de trabajo para alquiler sola o buscando a alguien para compartir; el caso es que se vino y acordamos que pagaría la mitad de los consumos y alquiler (20.125Ptas). De las 2 habitaciones restantes no se hacía uso, salvo puntualmente por alguna visita familiar, pero en ningún momento me planteé alquilarlas porque mi objetivo era vivir solo, aunque tenía compañeros de sobra en el cuartel donde estuve alojado que me las hubieran quitado de las manos pagando por cada una de ellas el precio que costaba el arrendamiento de todo el piso. Entonces ya estaba saliendo con mi pareja y a veces quedaba con mis amigos en mi casa; salvo excepciones siempre era en fin de semana. Pronto pude sentir la reprobación en la cara de mi hermana cuando llevaba amigos y estábamos de charla después de cenar, no hacía falta que fuera tarde, cuando ella estaba en el piso los fines de semana que era prácticamente todos porque no le sobraban precisamente ni amistades ni planes para salir, se respiraba la tensión y acabó no cortándose absolutamente nada a veces dando portazos o con cajas destempladas para mandarnos callar sin importarle si era o no fin de semana y sin necesidad de esperar la excusa de que fuera tarde. Y por si nos hacíamos los locos para no enterarnos de sus desprecios, en más de una ocasión recogía solo lo suyo como dando a entender que encima la queríamos tener de esclava. Aquello tenía visos de convertirse en una pesadilla: había metido en mi casa a una persona que no tenía ninguna intención de irse y que además se consideraba con todo el derecho del mundo a disponer de ella y decidir cómo se utilizaba el piso y cuándo había que dejar de hacer ruido. El que con sus 20.125 Ptas de aportación no me cubriese ni los gastos adicionales que me suponía tener que quedar casi siempre fuera de casa con mi pareja y amigos ya era lo de menos, tampoco era prioritario que no pudiera alquilar las tres habitaciones que yo no utilizaba por 120.000Ptas/mes que era lo mínimo que se pagaba. Lo que de verdad deseaba que se largara de una vez y ella creo que lo sabía, porque ya se me estaba poniendo la misma cara de asco al verla que ella tenía conmigo desde hacía tiempo, pero estaba tan convencida de que le asistía el mismo derecho en el que se creyó cuando denunciaron a la prima que les dio trabajo y techo que pasaron los años y resistía en mi casa como si tuviera algún derecho sobre ella sin molestarse en buscarse otra cosa.
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Entonces empecé a entender muchas cosas, la primera que es que la hermana que mejor la conocía, con la que mangó el piso a la prima la mandase a tomar por el culo fuera sin más contemplaciones. También entendí por qué nunca se le conoció relación de convivencia alguna con pareja, algo imposible de concebir con su carácter insoportable, por qué no le propuso a ninguno de sus otros hermanos con los que años después demostraría tanta afinidad cuando pretendieron quedarse con prácticamente todas las propiedades de la herencia entre los tres; a uno le habría venido muy bien para evitarle buscar una niñera extraña y al otro para no tener que compartir piso con desconocidos. Por supuesto tampoco se planteó irse con la que yo creí su mejor amiga, amistad que curiosamente permutaría por la de su hermana sin que volviera a saber más de la primera. Sin embargo se quedó conmigo: a día de hoy ostento el triste récord de haberla soportado “voluntariamente” más que ninguna otra persona en su vida. Yo la aguanté mucho más tiempo en mi casa del que ella estuvo con su madre al final de sus años y que tantas veces ha recordado como un ejemplo de altruismo y bondad. |
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Ya por el año 2000 se empezó a rumorear que aquellos pisos serían vendidos a los titulares del derecho de uso, correspondiéndome aquel a mí, pero aun así no pareció incomodarla demasiado y seguía sin tomarse en serio el irse hasta que a comienzos de aquel año ETA pusiera un coche bomba junto al edificio que lo hizo temblar entero rompiendo cristales y asesinando a un vecino también militar. Sería casualidad pero desde aquel atentado parece que sintió que su pellejo podía correr peligro y empezó a moverse para buscarse un piso. Pocos meses después creo que en año 2001 con lo que ahorró en aquel alquiler regalado que supongo sería al menos los aproximadamente 32.000€ que yo perdí solo por lucro cesante , se largaría y no tuvieron que pasar muchos meses para demostrarme que lejos de tener que agradecerme nada me guardaba un rencor visceral que no pudo reprimir cuando al ingresar nuestro padre biológico en la residencia -en buena parte gracias a mis gestiones- me pegó una puñalada trapera pero en el corazón de su propia madre al unirse a la hermana que la había largado de casa y en un alarde de histeria/hipocresía hacer creer hacia el exterior que su madre se había desentendido de su marido y que ellas harían todo lo posible para sacar a su padre de la residencia donde tuvo que ingresar porque entre otras razones nos producía tanta repugnancia a sus cinco hijos e hijas que ninguno de nosotros le dimos una sopa en los más de dos años que necesitó atención exclusiva. El único reconocimiento a mi hospitalidad lo hizo por un interés espurio cuando tras quedarse nuestra madre sola en el pueblo, durante los meses de invierno la traía a mi piso y ella permanecía al margen, entonces para justificar su falta de colaboración me dijo que es que en mi casa nuestra madre estaba más a gusto, algo que era totalmente cierto, al igual que ella estaba más a gusto sola en el suyo ahora que no necesitaba a nadie.
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Por desgracia no quedó su venganza ahí: lenta pero implacablemente fue sembrado las dudas en sus sobrinas contra padres y tíos y por ende contra la abuela, buscando como lo hacen todos los de su condición la división, la desconfianza y en definitiva la alienación parental siguiendo el patrón paterno. Para ello en un tándem perfectamente sincronizado, la hermana que la largó de su casa se enzarzó en un enfrentamiento iracundo contra la madre intentando hacerle la vida imposible despojándola de todos los medios de subsistencia que pudo incluyendo la pensión de jubilación y a la vez difamándola diciendo de casa en casa en el pueblo que había abandonado a su marido y culpaba de todas las pendencias que tuvo en el pueblo a un vecino de la familia materna que se llevaba bien con él, el cual según ella, le pinchaba para que se enfrentara a todo el pueblo, mientras, la hija buena redondeaba ese argumento haciendo creer en el pueblo a veces de forma bochornosamente hipócrita que nuestro padre había sido un buen hombre y era querido dentro de casa en especial por sus nietas. A pesar de que años antes demostró reiteradamente la misma apatía y repugnancia hacia él que el resto de los hijos, se llegó a creer tanto su ensoñación que una vez fallecido hizo llegar una carta póstuma escrita seguramente desde el infierno a sus nietas en la que aquel abuelo-monstruo les recordaba lo bueno que había sido y lo que quería a toda la familia, lo cual nos dejaba a los pies de los caballos a los tres padres que fuimos los que más años de nuestra juventud nos dejamos para sacarle de la indigencia y como sufrimos su condición miserable tantos años nos negamos a participar en la comedia de hacer como que ahora que estaba ingresado y nos veían le teníamos más afecto que cuando estaba abandonado en una sala dentro de casa sin que ninguno de sus cinco hijos le mirásemos a la cara. Fue tal su obsesión por obtener la validación paterna aunque fuera póstuma que cuando falleció, para seguir evitando como él quiso en vida, que nuestra madre cobrase la pensión de viudedad, se inventó que un asesor había dicho que nuestra madre no tenía derecho a esa pensión, por lo que con el silencio ya tradicional de los otros hijos no me quedó otra que tener que solicitársela yo sin otra colaboración. |
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A medida que me distanciaba de su guion que exigía aparentar normalidad, ejemplaridad, no hacer ruido y aceptar como padre afectivo a alguien que no quiso serlo desde el primer instante ni hubiera tenido capacidad para ejercer como tal ya que su único objetivo fue detentar esa figura para vivir de la esposa, familiares e hijos, su resentimiento se iba enconando más según pasaban los años. Antes incluso de que falleciera nuestro padre ya pude comprobar que precisamente la que había tenido en casa de invitada sería quien me haría tomar la decisión de renunciar aquedarme o hacerme casa en el pueblo; de hecho ella me ayudó cuando antes de fallecer el padre me hizo saber que su intención era quedarse con la casa, su criterio salomónico, es que los que teníamos familia ya teníamos otro pueblo. |
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| Ahora con la perspectiva temporal de aquel pasado, no puedo negar que no me perdonaré nunca haber tirado por la borda aquellos más de cuatro años que pudieron ser de la mejor calidad de vida, con mi casa recién estrenada, mi nuevo empleo conseguido tras dos años de encierro y tener mi pareja y círculo de amigos con quienes disfrutar de todo aquello. Sin embargo, por intentar que no saltara por los aires lo que en realidad solo era una familia disfuncional capitaneada todavía por un maltratador patológico y sostenida sobre la apariencia y el silencio, llegué a amargarme aguantando dentro de mi casa a aquella persona altamente tóxica, falsa e inestable a quien la hermana que mejor la conocía la echó sin contemplaciones de su casa y ningún otro familiar ni amiga le ofreció compartir su techo por mucho que nuestro padre biológico común, su verdadero referente moral, dijera lo contrario en aquel libelo plagado de falsedades en el más puro estilo de una persona con aquel trastorno narcisista. | |||||
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