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La sombra alargada

de un ser sin piedad

 
 

Este fue el primer lugar de confinamiento durante su matrimonio para una mujer que jamás pudo imaginar lo que iba a encontrar en aquel hombre atento, trabajador y muy listo en quien creyó ver la persona ideal para compartir su vida. Cuando muchos años después intentó contar por lo que había pasado, su propia descendencia la acusó de mentir, la conminó a guardar silencio o simplemente permaneció impasible. Ahora con buena parte de aquellos patrones vigentes entre sus descendientes y normalizados ya para la siguiente generación, se narran algunos episodios del abuso, miedo y desesperación sufridos durante tanto tiempo para que los familiares, amigas y vecinos que creyeron en ella y defendieron su postura frente a los que le hicieron daño, tengan suficientes elementos de juicio para poder honrar su memoria y no dudar de que se pusieron en el lado acertado.

 
 

"Toda realidad que se ignora prepara su venganza."

José Ortega y Gasset

 
 

«ya… cogí al niño con mi abrigo tapada y un biberón y me venía y salió con la escopeta: ¡me cago en Dios, si das un paso adelante te pego un tiro! ¡con mi hijo no te vas! ¡¡si es que es mío!! […] Mi idea era de quedarme en el Corral Viejo porque no iba a venir de noche todo el camino; me había quedado a dormir allí en las casillas y me había venido […] pues me dio allí no sé si porque estaba embarazada si porqué, me quedé así como sin poder hablar ni respirar […] ya que volví en sí dice que porque lo había querido hacer, que porque lo había querido hacer -repitió- …» . Tras encañonarla con la escopeta y amenazarla con pegarle un tiro y sufrir una crisis de ansiedad, le decía él después de volver en sí que simuló el desmayo. Fue una de las ya habituales broncas humillantes a las que se estaba acostumbrando en los pocos meses de convivencia que llevaban desde que se casaran, pero esta resultó especialmente infernal por la ira que se desató en él cuando se encontró en casa una carta que su hermano menor le dejó pidiéndole el dinero que le debía un tiempo después de verse obligado a abandonar aquel tejar que habían pagado entre los tres hermanos; ante lo insoportable de la situación, ella siendo de noche con un bebé de pocos meses y estando de nuevo embarazada, decidió coger a su hijo en brazos e intentar escaparse de aquella casa/chozo siniestra, hacer noche en una paridera del Corral Viejo y por la mañana llegar al pueblo. «Y aquello, siempre que voy allí, y aunque no vaya me acuerdo, pero si voy allí… si voy allí me acuerdo pero mucho, pero mucho, pero mucho…», decía desde aquel salón donde pasó sus últimos años, desde aquel habitáculo que una de sus hijas había convertido en un santuario repleto de recuerdos en honor a su maltratador.

 

 

Aquel 14 de marzo de 2017 en el que se enteró accidentalmente por su cuñado de que su marido estaba muy grave sin que su hija le hubiera dicho a ella nada a pesar de que lo había contado a familiares menos allegados, se sintió tan culpable que para que entendiéramos por qué no iba a verlo se vió empujada a narrar, como uno de tantos, este episodio repugnante vivido a los pocos meses de casarse, del que él no solo no mostró jamás el más mínimo arrepentimiento sino que siempre negó que hubiera ocurrido.

 

 

 

“El mejor desinfectante es la luz del sol ”

Louis Brandeis

 

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